Raúl Álvarez

Para Tales de Mileto era el origen de todo y en este caso, para el artista Raúl Álvarez, también. Cuerpos sumergidos, mares embravecidos o un refrescante chapuzón no sólo son constantes en su obra, sinó que el líquido elemento y sus diferentes expresiones se han convertido en una de las señas de identidad de este artista.

Israel Jiménez

Entre todos es el elemento más denso, tangible y físico. Fue Gea, Cibeles, Deméter o Isis en la cosmogonía griega. Simboliza la fertilidad, la fecundidad y por tanto la continuidad de la vida. En este caso, a través del tamiz del artista Israel Jiménez, la tierra es la vida y por extensión el ser humano que la habita.

Roberto González Fernández

El Homo Erectus lo domesticó y se sirvió de él para calentarse y asar alimentos. Lo convirtió en el “hogar” y en torno a él construyó la sociedad. Para Roberto González Fernández el fuego no es algo manso sinó una explosión, una fuerza indomable. Una visión apocalíptica que irrumpe en diferentes escenarios como San Francisco, Roma o Madrid.

A pesar de estar representando elementos tan dispares, los tres artistas tienen varios puntos en común. Todos cultivan con gran talento un realismo en el que la figura humana tiene un papel relevante y donde la expresividad es fundamental. Los cuerpos sumergidos de Álvarez, los rostros en la plástica de Jiménez y las manos inconfundibles en los lienzos de González Fernández. Además, los tres cuentan con una consolidada trayectoria.

Lucía Carballeda

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