CRISTINA FERNÁNDEZ NÚÑEZ

Licenciada en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid (1994), Cristina Fernández Núñez (Vigo, 1971) se especializa en restauración de pintura, faceta que compagina con la docencia y la creación artística. Su obra ha sido seleccionada en varias ocasiones en el Certamen Internacional de Artes Plásticas de Valdepeñas y ha recibido entre otros premios la medalla de honor en la Bienal de Arte do Morrazo.

Su trabajo plantea una reflexión entre el orden y el caos, lo real y lo ficticio, la arquitectura y la naturaleza, y son recurrentes en su trabajo la cotidianidad (influencia de Morandi) y lo femenino, que pone de manifiesto en una obra sensible y llena de lirismo.

Se trata de una serie de piezas donde la proyección de la sombra sobre una superficie, la falta de luz, es el elemento que configura las composiciones. La sombra como “forma total” reflejando la silueta de diferentes elementos vegetales. Si bien no es la primera vez que la autora centra su mirada en la naturaleza -ella misma reconoce una obsesión particular por el cultivo y cuidado de las plantas- sí lo es el hecho de integrar el lenguaje escrito dentro de su obra. En este sentido echa mano de frases (guardar la casa y cerrar la boca) palabras (butterfly) y conceptos (femme) que vertebran el discurso de la muestra y al mismo tiempo aluden a una intencionalidad concreta, la de arrojar luz sobre algo que ha permanecido históricamente en la oscuridad, el talento de las mujeres.

 

Así, encontramos diferentes guiños a la mujer en general y a las mujeres artistas en particular. Ejemplo de este último caso es el texto seleccionado por la autora para su obra titulada Louis Bourgeois. En ella da voz a la artista francesa quien, como en una especie de entelequia, utiliza el lienzo de Cristina para contarnos los motivos que la llevaron a hacer de la araña uno de sus motivos plásticos más recurrentes. En otra de sus piezas de grandes dimensiones Fernández Núñez reivindica la figura de la escultora Camille Claudel. En este caso se cuentan al espectador algunos datos biográficos de esta artista que permaneció a la sombra del aclamado escultor Auguste Rodin, de quien además de pupila fue amante y musa. Lo que la mayoría ignora es que las manos y los pies de las esculturas de Rodin son, en muchos casos, obra de Camille.

 

Si se priva a una planta de luz acaba por secarse, seguramente por eso Cristina no ha querido mantener todas sus piezas en la penumbra. En último lugar, cerrando la exposición, encontramos la obra “Femme II” donde se abandona el concepto de invisibilidad. Frente a la planitud encontramos ahora volumen. Ya no estamos ante la sombra recortada en la pared de una planta. Aparecen aquí las flores, elementos vivos, exuberantes y con ellas, por fin, el color.

A través de esta exposición, y como ha venido haciendo ya en otras ocasiones, Cristina propone un acto performativo. Por una parte crea un juego espacial al generar una zona acotada en penumbra en la que el espectador ha de adentrarse. Por otra, incluye una serie de piezas en tres dimensiones en las que cabe la posibilidad de incorporar un pequeño foco. Según dónde coloquemos esta luz la sombra de la pieza en 3D generará diferentes formas.

Sombras Visibles, de Cristina Fernández Núñez

La obra al detalle

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