IVÁN PRIETO

Graduado en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid, vive y trabaja en Berlín desde principios de 2012.

En su trayectoria destacan el Premio Joven de la Universidad Complutense de Madrid o el 1o Premio del Concurso Galiza Crea.

Además, podemos encontrar su obra en destacadas colecciones como la Fundación Granell en Santiago de Compostela, la Casa de Galicia en Madrid o el Colegio de España en París.

También ha participado en diferentes ferias como Art Lisboa, Estampa, Arte Santander y Art Madrid, entre otras.

Sus personajes expresionistas, inquietantes y conmovedores, se encuentran a menudo integrados en una cuidada escena, aspecto que delata el gusto del artista por el teatro y el cine.

Siameses a los que parece haber sorprendido un brote de sarampión, equilibristas de aspecto frágil con extremidades mutiladas o una versión femenina de la cabeza del hombre-elefante de David Lynch.

Todos estos personajes forman parte de ese mundo bizarro al que el escultor Iván Prieto ya nos tiene acostumbrados y que, sin embargo, nunca deja de embelesarnos. Cualquiera de ellos bien podría haber formado parte de un “gabinete de curiosidades” del siglo XVII. En ellos podían observarse desde fetos con malformaciones o animales taxidermizados hasta recipientes que supuestamente contenían sangre de dragón. Entre toda esta amalgama de excentricidades se colaban también algunas obras de arte.

En este sentido la plástica de Iván Prieto nunca ha temido a lo extravagante, a lo excesivo. Su obra no sabe de contenciones. En ella encontramos personajes quebradizos, llenos de melancolía, sufrientes. Algunos soportan sobre sus cabezas formas bulbosas como si sus pensamientos o preocupaciones traspasasen el propio cráneo. Otros exhalan aire de sus entrañas vomitando colores y formas imposibles. Convirtiendo “La Náusea” en materia.

Detrás de este freak-show, de su estética queer y surrealista, la obra de Iván Prieto tiene la capacidad de transmitir un gran lirismo. De crear una belleza rupturista frente a cualquier estereotipo. De conmover ágilmente al espectador con sus personajes por grotescos que sean. De concebir seres que son un híbrido que apela a nuestro sentido del humor, antojándosenos alegre y colorista, mientras los personajes lloran.

A pesar de su temática existencialista, a veces Prieto deja que sus personajes sonrían, como ocurre con las dos gotas que brotan de un grifo con una risa contagiosa, ajenas a que la fuerza de la gravedad impondrá su ley tarde o temprano. Pero eso parece saberlo sólo Ícaro, que asoma taciturno y alicaído tras una puerta.

 

Lucía Carballeda Suárez

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