ROBERTO GONZÁLEZ FERNÁNDEZ

W-SOY

Tras estudiar en la Escuela de BB.AA. de San Fernando de Madrid se traslada a Edimburgo. Desde 1982 vive y trabaja a caballo entre la capital escocesa y Madrid. En 1984 es becado por “The New York Foundation for the Arts”.

Su obra forma parte de importantes colecciones como Afundación, Edinburgh City Art Center, Museo Kelvingrove de Glasgow o Comunidad de Madrid, así como de otros centros de arte en el mundo como por ejemplo la Colección Forbes de Nueva York y el Museo Victoria & Albert de Londres.

Este consagrado artista multidisciplinar utiliza la plástica como un medio de expresión en el que fluctúan el conceptualismo y el realismo. El ser humano y la preocupación por el espacio y por el tiempo son constantes en su obra.

No es la primera vez que los personajes de Roberto González Fernández se ocultan del espectador, tapando su rostro o mostrándonos su nuca como quien no quiere revelar su identidad. Con la muestra “W – Soy” asistimos a una sucesión de retratos masculinos que nos escrutan al tiempo que tratan, con mayor o menor éxito, de esconderse tras sus manos.

En toda esta serie de óleos cuidadosamente distribuida en ritmos y múltiplos de tres, encontramos pistas que arrojan luz sobre los retratados. Una de ellas la constituye el hecho de incluir las iniciales de cada personaje. En algunos una alianza parece querer indicarnos su estado civil o la presencia (o ausencia) de un amor.

En otros, es la huella del barro la delatora de unas manos acostumbradas a esculpir. Un reloj de muñeca nos habla de lo importante que es el tiempo para otros. Fotógrafos, escritores, pintores. Todos ellos son personajes reales -un pescador, un físico nuclear, un inmunólogo- que acaban por conformar un retrato de la sociedad actual.

Sobre un fondo neutro, el artista destaca la expresión de la mirada y naturalmente de las manos, elementos a partir de los que construye retratos psicológicos. Así, aunque las dimensiones, el encuadre y la posición sean los mismos en cada uno de ellos, la muestra destaca por su heterogeneidad. Se trata de una serie compuesta por obras únicas en el sentido más estricto de la palabra.

Por expreso deseo del artista (y bajo su atenta lupa), se pidió a todos los modelos que reprodujesen con sus dedos una uve doble sobre su rostro. Dos pirámides invertidas que finalmente les permiten ver a través del hueco que generan. En realidad están aludiendo a la letra más característica del lenguaje informático. Esa uve doble es vinculada por el autor con el control al que está subyugada esta sociedad y de la que todos nosotros somos partícipes sometiendo también, casi sin querer, a nuestro entorno. Como un proceso de espionaje inintencionado, como estar Doblemente Vigilados.

Quizás la liberación no está en nuestras manos sino en las del futuro. Ese al que aluden los ojos de un niño cuya inocencia trasciende el óleo de la tabla sobre el que está plasmado.

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